Hay veces que el tiempo pasa demasiado deprisa y asusta. Hay tanta velocidad que sientes vértigos y de un momento a otro vas a vomitar. Es esa sensación de no controlar la situación. De sentirte tan presionada como si dos camiones quisieran chocar uno frente al otro estando tú en medio. Y te gustaría ser capaz de dar cinco pasos en una de las direcciones para quitarte de en medio. Pero es imposible. Sólo tienes tiempo para dar un paso. Y no es suficiente. Además ese segundo ya ha pasado. Mucho más rápido que tu capacidad de decisión. Demasiado tarde.
Es entonces cuando aprecias el café de las mañanas. Cuando sólo está la tranquilidad de la ciudad dormida y el segundero lento y rítmico del reloj de pared. Y la rutina. Esa que es tan tuya, que muchas veces es la única que te comprende.


Para muchos el hecho de ser como realmente somos presenta dificultades. Tenemos miedo de hacer el ridículo, o peor aún, de sentirnos rechazados.
Por eso es que vamos a lo seguro. Inventamos los disfraces y pequeñas rutinas imperturbables detrás de las cuales nos escondemos. Jugamos a ser una persona mundana o a ser reservados, y confiamos que las fachadas que creamos nos protegerán de las miradas curiosas. Continuamos actuando así a pesar de que en verdad deseamos que aparezca alguien que no acepte nuestras mentiras. Irónicamente, esa persona que estamos tratando de ocultar es precisamente la persona que otros están buscando. El verdadero yo es mucho mejor que cualquier personalidad que podamos inventar. El verdadero amor implica no tener miedo de mostrar a los demás lo que verdaderamente somos. Al hacerlo, lo que creemos haber perdido en imagen, lo recuperamos diez veces más en confianza y respeto. Si deseamos conocer el amor en nuestra vida, debemos revelarnos como realmente somos a aquellos que mantenemos a prudente distancia o a aquellos de los que vigorosamente quisimos protegernos. En realidad, no hay nada que esconder.


Cada paso andado enseña un nuevo paraje, nuevas sensaciones, nuevas emociones...
Hace aflorar los sentimientos más recónditos que jamás hubieras imaginado su existencia...
Te acerca a enigmáticas personas cuya imagen sigilosamente se aferra a tu ente como si de un virus se tratase...
¿cómo salir de ello? ¿Qué camino debes seguir? ¿cuál es el método más acertado para lograr evadirte de esos pensamientos? ¿cómo intentar olvidar algo que nunca ha existido? ¿cómo se puede extrañar algo que nunca se ha tenido?
Imnumerables respuestas que aparecen rompiendo esquemas...


¿Te quedarás conmigo?
+ ¿Quedarme contigo?
¿Para qué? ¿Para estar todo el tiempo discutiendo?
- Eso es lo que hacemos, discutir. Tú me dices cuando soy un
maldito arrogante y yo te digo cuando das mucho la tabarra, y lo haces el 99% del tiempo. Sé que no puedo herir tus sentimientos porque tienen un promedio de 2 segundos de rebote y otra vez vuelves a la carga.
+ ¿Entonces qué?
- Pues que no será fácil, va a ser
muy duro. Tendremos que esforzarnos todos los días y quiero hacerlo porque te deseo. Quiero tenerte para siempre, Tú y Yo todos los días. ¿Harías algo por mí?.. Por favor imagina tu vida dentro de 30 o 40 años, ¿cómo la ves? Si es junto a ese hombre, vete. Te largaste una vez y lo soportaré otra si creyera que es lo que quieres, pero jamás tomes la vía fácil.
+ ¿A qué vía te refieres? No hay ninguna fácil, haga lo que haga alguien acabará sufriendo.
- ¿Podrías dejar de pensar en lo que quieren los demás? Incluso olvida lo que yo quiero y lo que él quiere o lo que tus padres quieren,¿tú qué quieres?
+ No es tan sencillo.

Sociedad de Histericas