Hay veces que el tiempo pasa demasiado deprisa y asusta. Hay tanta velocidad que sientes vértigos y de un momento a otro vas a vomitar. Es esa sensación de no controlar la situación. De sentirte tan presionada como si dos camiones quisieran chocar uno frente al otro estando tú en medio. Y te gustaría ser capaz de dar cinco pasos en una de las direcciones para quitarte de en medio. Pero es imposible. Sólo tienes tiempo para dar un paso. Y no es suficiente. Además ese segundo ya ha pasado. Mucho más rápido que tu capacidad de decisión. Demasiado tarde.
Es entonces cuando aprecias el café de las mañanas. Cuando sólo está la tranquilidad de la ciudad dormida y el segundero lento y rítmico del reloj de pared. Y la rutina. Esa que es tan tuya, que muchas veces es la única que te comprende.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sociedad de Histericas